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Isonomía Consultores en el diario Clarín – 01/02/13

Cinco datos anticipan la gran decisión del año

Por Julio Blanck | CLARIN

Las vacaciones que Cristina se tomó entre las fiestas navideñas y su reaparición en Mar del Plata para recibir a la Fragata Libertad, le sentaron bien en términos políticos. La larga gira por Oriente, durante la que tanto nos hizo saber de sus experiencias de viaje a través de Twitter, reforzó esa tendencia. Las encuestas -al menos dos, contratadas por la oposición- marcaron un freno en la caída de su imagen primero, y una ligera recuperación después.

Primer dato, entonces: Cristina está mejor ahora que en el declinante final del año pasado, después de los cacerolazos, protestas sindicales y reveses judiciales. Y se favorece cuando en lugar de asumir guerras terminales contra lo que se atreva a contradecirla, transita el conflicto con una intensidad menor.

En las últimas semanas hubo un cambio, se verá si permanente o circunstancial, en la herramienta elegida por Cristina para comunicarse. La fiebre de Twitter parece haber reemplazado a la fiebre de la cadena nacional. Con la cadena al rojo vivo no le había ido demasiado bien: fomentó la inquina de los que no la quieren y no consiguió evitar que se le escurriesen adhesiones, de las muchas que tenía. Quizás el tuiteo, más descontracturado, le ayude a equilibrar esa balanza desfavorable. Pero el humor social se mueve aquí y allá por cuestiones más profundas.

Inseguridad, inflación, deterioro del empleo, son razones que no alcanzan a taparse con dosis mayores y renovadas del relato. Y eso también se refleja en las mismas encuestas que mostraron la reciente mejoría de Cristina.

Segundo dato: en la decisiva provincia de Buenos Aires, donde la Presidenta había ganado la elección de 2011 con el 57% de los votos, hoy la adhesión y la oposición a su gobierno se reparten porciones prácticamente iguales. Un 39% de los encuestados por la consultora Isonomía dijo apoyar al Gobierno y un 37% aseguró estar decididamente en contra.

Esa partición tajante y consolidada sería muy difícil de modificar, opinan los expertos que siguen la evolución de la opinión pública. La decisión que puede romper esa paridad está en manos del 22% que dice no ser adherente ni opositor.

Para Cristina sería un problema quedarse con muy poco de esta franja: si no orilla el 50% de votos en la Provincia en las elecciones de este año, le será difícil compensar las pérdidas que parecen seguras en Capital, Córdoba, Santa Fe y quizás Mendoza. Entonces el camino de la re-reelección estaría definitivamente clausurado.

La oposición afronta un problema más complejo: cómo hacer para que la porción tan amplia de votantes definidos y potenciales contra el Gobierno encuentre ofertas sólidas para canalizar su humor.

Los datos de Isonomía son consultados habitualmente por Francisco De Narváez y llegan a la gente de Daniel Scioli. La Casa Rosada también toma nota de esos trabajos. Esta vez se concentraron en la Provincia, con más de 1.200 casos en un muestreo telefónico.

Tercer dato relevante del sondeo: la inseguridad, esa gran preocupación que atraviesa todas las franjas sociales, no es visualizada en la Provincia como una responsabilidad de Scioli.

Ese modo tan particular que tiene el gobernador de mostrarse presente ante los problemas aunque no logre solucionarlos, parece rendirle un rédito interesante. Sobre todo si se articula con la omnipresencia de Cristina y sus funcionarios martillando todo el tiempo sobre la Provincia.

Así, el 35% de los encuestados dijo que la inseguridad bonaerense es responsabilidad del gobierno nacional, el 15% opinó que la culpa es “de todos”, otros señalaron a la droga (7%), la Justicia (6%) y la policía (3%). Créase o no, apenas un 2% de los consultados responsabilizó por la inseguridad provincial a Scioli.

En este terreno es donde empieza a pesar fuerte Sergio Massa, considerado por los encuestados como el más capaz para resolver ese drama cotidiano. El segundo favorito en esa lista es De Narváez.

Cuarto dato, para anotar y guardar: la confirmación de Sergio Massa como la figura con mejor imagen en la Provincia, aún ligeramente por encima de Scioli. El intendente de Tigre logra un 74% de imagen positiva contra 73% del gobernador; y la negativa es de apenas el 10% contra un aceptable 24% de Scioli. La encuesta apuntó a las figuras más taquilleras. ¿Cristina? 54% de imagen positiva y 44% negativa. ¿Mauricio Macri? 50% positiva y 42% negativa.

En la pregunta sobre los posibles candidatos a diputado en octubre, Massa llegó al 41% en intención de voto, contra 16% de De Narváez, 15% de Alicia Kirchner y 10% de Ricardo Alfonsín. Pero cuando a Massa se lo presenta como candidato oficialista o representante opositor, su caudal retrocede alrededor del 10% en ambos casos. Es un fenómeno particular, un político aceptado por sí mismo, pero que pierde adhesión cuando se embandera con alguno de los polos en pugna.

El peronismo opositor y aún los operadores de Scioli se esfuerzan entonces por provocar una definición de Massa. Como todavía no lo consiguen, insisten en que el intendente puede terminar siendo funcional a Cristina aún yendo con una lista diferente a la que encabezaría Alicia Kirchner. Son chicanas, con algo de inquietud y a veces casi desesperación, porque Massa resulta un enigma sin control para los demás actores de la Provincia.

El intendente, cada vez que puede, esquiva el bulto de la definición política. Ahora está por emprender un viaje que lo llevará desde Montevideo a Dubai. Buena parte de febrero estará lejos, como si hubiese aprendido de Cristina.

En este juego de Massa gravitante, con Macri distanciándose ahora de la posibilidad de ser candidato en la Provincia que él mismo había admitido, vuelve a recortarse con fuerza Scioli como la otra pieza que puede quebrar el equilibrio inestable que hoy existe.

Quinto dato notable, casi insólito, del escenario provincial: Scioli aparece como la principal referencia opositora a pesar de su larga década de oficialismo junto a los Kirchner.

El 10% de los consultados colocó al gobernador en esa posición; por encima de De Narváez (8%), Macri (7%), Massa (5%) y Hugo Moyano (3%). Estos datos hablan de la desoladora escasez de las fuerzas formales de oposición. Pero también registra los avances logrados por Scioli en su estrategia de diferenciación de Cristina y sus guardianes.

Cuando se les preguntó a los encuestados cómo veían a Scioli en relación con Cristina, un 50% dijo que lo veía oficialista, un 27% opositor y 22% no supo o no quiso responder.

El recorte de Scioli como alguien diferente al resto del sistema de poder cristinista se vino acentuando, de acuerdo con las mediciones, desde la segunda mitad del año pasado. Exactamente después de que el Gobierno pusiera en la morsa al gobernador demorándole el envío de dinero adeudado, que se destinaba al pago de aguinaldos.

Por eso, cada vez que algún cristinista se va de boca contra Scioli, como el obediente Amado Boudou hace una semana, el gobernador refuerza su negocio. Lo ponen donde él quiere estar. Después habrá que ver qué hace con ese capital acumulado. Pero esa será otra historia.

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