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Pablo Knopoff en La Nación – 4/03/2019

Macri, Dante y el humor social de los votantes

Para la mayoría de los argentinos, los indicadores que muestran la mala
performance de la economía no son fríos números. Las encuestas de opinión no dejan
lugar a dudas: el deterioro en las estadísticas tiene su correlato en el más subjetivo, pero
muy registrable, humor social.
Mauricio Macri pudo comprobarlo el martes pasado, sin necesidad de recibir el informe
de ningún consultor, en su visita a una obra del plan Procrear en pleno corazón de la
ciudad de Buenos Aires, su distrito. Dante, un albañil que dijo estar entre los que lo
habían votado, lo interpeló, le demandó, casi le rogó: “Haga algo ahora, estamos cada
vez peor”. ¿Fue una expresión aislada o minoritaria?
La mayoría de los encuestadores coinciden en que no se trata de una situación
individual. El humor promedio de los argentinos no pasa por su mejor momento.
Crecen el malestar por la situación económica y los reclamos al Gobierno, como los de
Dante.
Las sensaciones dominantes son “incertidumbre, frustración y orfandad”, afirma
Eduardo Fidanza, socio de Poliarquía Consultores.
Federico Aurelio, de Aresco, es más contundente aún: “Hay mucha desazón por lo que
pasa con la economía. La gente está muy cansada. La valoración sobre el presente es
muy mala y las expectativas sobre el futuro inmediato son negativas”, afirma.
“Hay un pesimismo general, que se manifiesta en preocupación, dolor y angustia. Pero
no hay ira”, explica Pablo Knopoff, de Isonomía.
En ese último matiz estaría una clave para explicar por qué el oficialismo aún conserva
un nivel de adhesión que lo sigue haciendo competitivo electoralmente. No solo por
contraste con la oferta electoral que hoy compite con él. También, porque quienes lo
enfrentarán finalmente son aún una incógnita.
El director de Isonomía lo explica con una metáfora futbolera: “La gente todavía no se
va masivamente del estadio. Hay una buena parte de la sociedad que votó a Macri en la
segunda vuelta de 2015 para hacerlo presidente que todavía se ilusiona o no descarta
que pueda hacer un gol y ganar el partido. Pero no sé cuánto tiempo le queda a su
paciencia. Ya no quieren explicaciones, sino goles”, dice Knopoff.
La expresión de Dante parece ratificar el análisis. En su demanda había angustia, pero
no enojo, esa emoción detrás de la cual se esconde el miedo (a lo peor), según explican
los psicólogos. Hay sectores que la pasan mal, pero que todavía no perdieron las
esperanzas, es el argumento del Gobierno.
Que el autor del reclamo haya sido un obrero de una empresa de la construcción
vinculada a proyectos estatales no tiene nada de casual y sí mucho de causalidad. Los
recortes de gastos del Estado para reducir el déficit tienen sus consecuencias en las
obras y en el empleo.
En el Ministerio de la Producción admiten que los sectores más golpeados por la
inflación, con la suba de tarifas en el tope de la tabla de los gastos, son los de ingresos
medios y medios bajos, principalmente del sector formal. Los datos sobre el consumo lo
confirman. No solo la cima de la pirámide es la que sostiene, como es habitual y
previsible, su nivel de gastos. También en la base se registra un impacto menor que en
los sectores medios, porque la asistencia estatal se mantuvo y no se ha deteriorado tanto
respecto de la inflación, explican. De todas maneras, este último sigue siendo el
segmento más reactivo al Gobierno. El conurbano profundo sostiene al kirchnerismo.
La economía y el voto
Knopoff y Fidanza son más cautos. La segmentación social y las motivaciones para
elegir a uno u otro candidato todavía no permiten vislumbrar tendencias firmes ni
motivos únicos. El miedo a un 2001 está lejos, aunque en los focus groups empiecen a
aflorar referencias a ese fantasma. Por cierto, aún con más ilusiones de conjurarlo que
temor real a que se corporice.
En la Casa Rosada nunca cunde el pesimismo, a pesar de los malos indicadores. “Es
cierto que hay muchos, incluso entre nuestros votantes, que están preocupados,
angustiados y hasta decepcionados o enojados. Pero esos sentimientos negativos no son
tan duros, como los de que no la quieren a Cristina (“la” rival). A nosotros no nos odian.
El problema es que suelen subestimar a nuestro núcleo duro de adherentes y
sobrestiman al de los que nos rechazan”, sostienen con notable convicción.
Sobre la base de las previsiones y proyecciones que les llegan de Hacienda y de
Producción, mantienen, además, la confianza en que la economía no empeorará y
tendrá leves repuntes a partir de junio, que, aunque no sean percibidos
mayoritariamente, pueden mejorar las expectativas y, en consecuencia, el humor.
En medio de amenazas concretas de un aumento de la conflictividad gremial y social,
con los inminentes paros docentes como señal de largada y con condiciones objetivas
para alentar el malestar, en el Gobierno tomaron nota de lo ocurrido en la obra de
Parque Patricios en la que Macri fue interpelado. Pero solo después de los primeros
momentos, en los que se impusieron los reflejos optimistas.
Como es costumbre, en un principio los voceros presidenciales optaron por encontrarle
aspectos positivos al episodio “Quedó demostrado que a Macri no lo ven como un
presidente inaccesible y que hay libertad absoluta para expresarse sin temor a
represalias. Mauricio lo escuchó, lo abrazó y todo terminó con un aplauso”.
Es una parte de la realidad. Es posible que los acompañantes de Macri se hubieran
retirado junto con el Presidente antes de que los reclamos terminaran y no vieran esos
últimos segundos en los que un Dante casi derrotado se retiraba repitiendo: “Hagan
algo, la c… de mi hermana”. O que simplemente se tratara de hacer contención de
daños.
La ausencia del periodismo, al que se lo excluyó de la actividad presidencial, no impidió
que lo ocurrido se difundiera. El celular de un compañero del albañil y las redes
sociales, que tan bien ha explotado el oficialismo en sus campañas, bastaron para que se
viera masivamente el mal momento que pasó Macri en su exposición directa al humor
social.
Tres días después, el discurso presidencial en el Congreso pareció buscar darle alguna
respuesta con palabras y con gestos también a ese albañil angustiado que representó a
miles más. El tono encendido de Macri; la enumeración de logros (tangibles e
intangibles, visibles e invisibles); su expresión de que se hacía cargo de los problemas;
“el dolor y la angustia” manifestados por las cosas que pasaron el año pasado; el
recuerdo de la corrupción y de la herencia recibida, y la deliberada exhibición de firmeza
pueden inscribirse en el rubro respuestas y explicaciones para Dante.
Si la realidad aporta datos para preocuparse por el reclamo, el nombre del mensajero
suma resonancias inquietantes. En el comienzo de la Divina Comedia, el homónimo del
albañil dice, casi con desesperación o desesperanza: “En medio del camino de la vida,
errante me encontré por selva oscura, en que la recta vía era perdida”.
En el tramo final del camino que emprendió en 2015, al Gobierno le llegó la intimación
de demostrar que el futuro, como pronostican sus opositores, no será el infierno de
Dante. Quizás en su favor ya nadie espere que sea una divina comedia. Las aspiraciones
se han vuelto más modestas.
Por: Claudio Jacquelin

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