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Pablo Knopoff en El Comercio (Perú) – 14/10/2019

¿Alberto Fernández y Cristina Kirchner podrán convivir en el poder?

La relación entre los claros favoritos para llegar a la Casa Rosada, en las elecciones del próximo 27 de octubre en Argentina, genera intriga. La expresidenta ha optado por el perfil bajo, mientras Alberto parece tomar la batuta.

No está en la foto celebratoria del pasado 11 de agosto. Cristina Kirchner prefirió recibir los resultados de las elecciones primarias en Argentina en su casa de Río Gallegos, dos mil kilómetros al sur de Buenos Aires. Su ausencia en el local partidario otorgaba el rol protagónico a Alberto Fernández, su compañero de fórmula.

A partir de esa noche, el peso de la campaña recayó en el exjefe de Gabinete de Néstor Kirchner. Como si el 47% de votos obtenidos en las PASO hubiese legitimado su imagen presidencial sobre la autosuficiente ‘vice’. Aun así, se siguen disparando muchas interrogantes sobre las relaciones internas en la dupla Fernández.

“‘¿Quién va a tomar las decisiones?’ fue el dilema que apareció en mayo, ni bien se conoció la fórmula presidencial. Hoy es Alberto quien lleva la campaña. El tránsito electoral nos demuestra que Cristina puede ocupar otro lugar. No secundario, pero sí dentro de una relación de poder más balanceada”, refiere Pablo Knopoff, director de la consultora Isonomía.

 

Para Hugo Alconada, prosecretario de Redacción del diario “La Nación”, el ostracismo de la exmandataria responde a una estrategia electoral: asegurar la victoria en primera vuelta. “Alberto es una figura más centrada, que no despierta grandes pasiones a favor ni en contra, pero que ayuda a superar el techo de 30% del kirchnerismo. A Cristina le conviene quedarse callada y que sea él quien gane figuración, atrayendo a esa gente que no iría con ella”.

El segundo factor vendría del seno familiar. En las últimas semanas, ella ha intensificado los viajes a Cuba para acompañar a su hija Florencia en su tratamiento médico. Las salidas del país hicieron que sus actos proselitistas se redujeran a las presentaciones de su libro “Sinceramente”. Mientras tanto, Alberto sigue dando la cara.

Con gestos y acciones, el candidato del Frente de Todos se ha empeñado en desligarse del rótulo de “títere”, promovido por sus adversarios políticos. Lejos de una dependencia, Alberto ha ganado centralidad aproximándose a sectores opositores del régimen anterior. “El eje de su discurso es: yo no soy Cristina”, dice Roberto Starke, analista de Starke Labs.

 

Mantiene un diálogo fluido con el empresariado, tuvo reuniones con el FMI sobre la deuda externa, asistió al homenaje de un fiscal que Cristina forzó a renunciar, e incluso se animó a participar en un seminario organizado por el grupo mediático Clarín. Posturas que podrían tomarse como desafiantes al sector K más radical.

Knopoff considera que Alberto juega su propio partido: “Mostró versatilidad para hacer de la candidatura del peronismo una paleta de colores amplia. Así, consolidó su propio frente para no ser etiquetado. Alberto no es kirchnerismo. Se está generando un nuevo espacio: el albertismo”.

Puntos de tensión

Según los analistas, Alberto Fernández tendría sus principales aliados en el grupo de gobernadores que no responde al régimen anterior. “Mientras se decía que Cristina iba a ser la candidata presidencial, había solo el apoyo de cinco gobernadores. Cuando se anuncia la fórmula con Alberto, se suman automáticamente ocho más”, recuerda Alconada.

El poder territorial de estos dirigentes serviría para que, en un eventual gobierno, el candidato haga contrapeso ante Cristina y su organización, La Cámpora. Además, cuenta con la venia de los peronistas independientes liderados por Sergio Massa.

La llegada al poder pondría fin a la tensa calma que ronda en el Frente de Todos, un colectivo tan numeroso como diverso. “Como toda coalición, que no son partidos puros, tiene tensiones internas. Ahora hay una relación de conveniencia. Una vez logrado el objetivo, las relaciones de poder cambian. Se dejan de tener objetivos electorales para tener objetivos de gobierno”, menciona Starke.

De hecho, algunas fisuras empiezan a notarse. Alconada advierte pugnas adelantadas por el control de organismos como la petrolera YPF, de capitales públicos: “Alberto tiene un candidato a dirigirla, pero Massa y Cristina están convocando a los suyos. Es un caso concreto de cómo se va definiendo, por debajo de la mesa, la puja de poder”.

Tras el masivo respaldo en las PASO, Cristina juega sus fichas con cautela. El próximo 17 de octubre se los volverá a ver juntos en la celebración del Día de la Lealtad Peronista. La ocasión servirá para una foto que proyecte unión. Seguramente, el discurso principal recaerá en Alberto, como ha sucedido en toda la campaña. ¿Hasta qué punto estaría dispuesto el kirchnerismo a ceder? De confirmarse el arribo a la Casa Rosada el próximo 27 de octubre, los festejos podrían ceder lugar a las negociaciones. Varios capítulos están por escribirse en las relaciones de poder entre los Fernández.

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